​DOCUMENTARY

LA FASCINACIÓN DE LOS TRIÁNGULOS

 

1 -      - Somos existiendo y habitando.

- Habitamos construyendo.

- Para habitar y para que otros puedan habitar.

- Lo nuestro es una tarea social.

 

2 -      - Construimos a través del imaginar.

- Imaginamos a partir del pensar.

- Pensamos artística, científica y filosóficamente creando.

 

3 -      - Creando mundos, planos de orden (cosmos) dentro de los planos del caos.

- Pero el pensar se traduce en composiciones estéticas.

- Pero no hay composición estética sin composición técnica.

 

4 -      - Relevamos, analizamos, conceptualizamos temas, lugares, problemas, ideamos, imaginamos, diseñamos y construimos.

 

5 -      - Pasamos de marcos teóricos conceptuales al uso de técnicas o lógicas proyectuales.

- Operaciones dadoras de sentido que se definen en procesos de diseños.

- Que se recrean de problema en problema de objeto en objeto, de lugar en lugar, en cada tiempo respondiendo siempre al espíritu de ese tiempo    y de ese lugar.

 

6 -      A- Con las tipologías existentes o innovativas.

- Con la morfología de la hora o innovativa.

- Con la tecnología disponible y apropiada o con la innovativa.

- Siempre produciendo obras “iguales pero distintas”. 

 

B- Distinguiendo momentos inaugurales tipológicas seguidos de momentos de innovación tipológica.

- Con configuraciones formales intencionales y de ser posibles relevantes.

- Con tecnologías apropiadas, disponibles o innovativas.

- Siempre tendiendo a un todo significativo en una obra.

- Obra siempre igual pero siempre distinta.

LA ARQUITECTURA Y SUS PRINCIPIOS

 

Tres son los principios irreductibles, materia, estructura, luz.

Pero no podemos ponerlos en acción sin expresar dos dimensiones, el sentir y el pensar.

El pensar es elaborar ideas sobre las demandas, las dimensiones, las proporciones, la escala.

Ideas son las que concilian todas estas necesidades en formas con intencionalidad, con composición, con estructura intencionada.

Porque las ideas que pensamos, no son sino imágenes conformadas, configuraciones ordenadas, síntesis de función, construcción y organización intencional, vale decir composición pero en ese sitio.

Pero el pensar no es solo racionalidad, debe contener sentimiento, el orden espacial calificado por la luz, la materia.

El lugar o el sistema de lugares transmiten un orden que no es otro que el sentido de una institución, una idea institucional, el carácter de las mismas, un orden de luces.

Las ideas dan origen a la arquitectura, la materia define la estructura, la estructura define la luz y la luz califica y da sentido, destino a los espacios.

Las ideas nacen de responder al qué; al por qué, al para qué, al dónde y al cuándo. Ideas son las que responden a la esencia, al origen, a la finalidad, al lugar, al tiempo, y al espíritu de ese origen, razón de ser, al espíritu de su sentir y al espíritu del entorno, como al momento histórico.

Enseñar es enseñar a aprender, también a pensar y a construir.

Porque no hay ideas arquitectónicas si no hay ideas construibles, para construir.

La idea es intemporal debe hablar de un pasado (origen), de un presente, y sobre todo de un futuro.

La técnica no es ética, pero su uso sí debe ser ético. La técnica no es estética pero sin ella no hay proyecto estético.

Alberti en la Re Aedificatoria decía que la arquitectura es dibujo, proyecto, composición intencionada y construcción.

La técnica y la construcción han sido catalizadores del imaginario colectivo en el proyecto moderno.

Este proyecto moderno se identifica con el futuro, con la idea de futuro.

Construir es construir en un entorno, por ello hay que leerlo, reconocerlo propio para hacerlo apropiado, para hacer aquella propuesta diferente o continuar el contexto, pero siempre construyendo una identidad nueva.

La idea se construye, y antes de ser obra es proyecto, es una composición intencionada con una serie de previsiones de actos futuros de construcción.

El dibujo es un presagio, una profecía, y como tal es una obra completa en sí, pero también herramienta de prefiguración.

Se ve primero la obra mentalmente con el pensar.

De la obra solicitamos integridad, totalidad en lo que nada pueda sustituirse.

Pero el movimiento moderno ha desvalorizado el sentido de complitud a veces asumiendo el contexto como texto dador de sentido.

El opuesto principio de contraste dialéctico entre cerrado y abierto, entre integridad y fragmentación, entre transparencia y opacidad no es menos valido.

Vale igualmente este proceder de configuraciones contrastadas, problemáticas e inestables interna o externamente.

Pero orden y desorden, o caos, reclaman rigor compositivo.

No hay desorden casual en un todo compuesto. El desorden compuesto o el orden complejo reclaman de la búsqueda del orden oculto, el principio fundamental, la lectura paciente, lenta, reclamado por la propia imagen.

Siendo la arquitectura polisémica la precisión no es forzosamente necesaria, así demandas surgidas del cálculo estructural serán modificadas por razones visuales. Se puede hablar de la precisión imprecisa de la arquitectura que es lo que permite reciclar, adaptar estructuras existentes por la oscilación de las funciones, pero la organización y coordinación modular han permitido readaptar fácilmente cambiantes demandas.

Este principio de unidad solo es superable por el reconocer que la arquitectura no siempre es protagónica en el tejido de la ciudad y no tiene por qué tener (salvo ocasiones celebrativas de un monumento social) un protagonismo desmedido, reclamándole solo una cierta intensidad expresiva en su lenguaje, cualquier sea su lógica y capacidad comunicacional.

La obra como construcción sólo en su uso y apropiación puede permitir ser comprendida y valorada válida y definitivamente lo que torna insustituible la vivencia de la arquitectura.

La obra es un texto compuesto de diversas escrituras, pero este texto deviene forma con una significación que debe comprenderse en su organización espacial formal, tipológica y tecnológica; pero todo esto sucede en una realidad matérica, sensorial, visiva, táctil.

Hay que fatigar la arquitectura como obra construida, como proyecto de construcción, para entender y pensar en ella.

Enseñar a pensar la arquitectura como idea es contaminarse con sus procesos de construcción sin ir livianamente por el mundo sin saber arquitectura, por no vivirla, pensarla y hacerla no podemos pensar sin hacer así como no podemos hacer algo significativo sin pensar.

UNA TIPOLOGÍA

 

¿Qué es un centro cultural? Es la casa o institución albergante de un complejo múltiple, heterogéneo que reúne tanto talleres de formación, expresión y recreación artística, social y educativa.

Así alberga biblioteca, talleres de expresión, auditorios, salones de exhibiciones de arte y salones de usos múltiples.

Es un lugar de recreación activa, tanto como pasiva, de información, de formación, de encuentro comunitario, de relación, de identificación en el encuentro con el otro.

Es el lugar de la coexistencia y simultaneidad, y por ello, una pequeña ciudad-casa.Lugar de lugares sirve para la orientación, la identificación, para relacionarse y para hacer historia personal, barrial y urbana.

Es un lugar casa, cobija del imaginario.

Es un espacio público y por ello cuna de la vida democrática, presente y futura.

Es por ello un ámbito de política y de política cultural. Hace ciudadanos.

Es el centro cultural parte del “capital cultural” tanto como del “capital económico” del barrio que sirve, preside y referencia.

Es una máquina de servicio, educación, recreación, ensoñación de la comunidad. Tiene un valor real y otro simbólico.Inicialmente la gente con solo un director, lo hacían funcionar participando en la apropiación, gerenciamiento y administración.

Hoy después de décadas de existencia necesitan de una intervención mas dirigida y profesional.

Todos estos centros culturales nacieron con centros político administrativos conexos para incorporar una política de descentralización política y administrativa.

Los centros culturales de los ’70, los centros distritales de La Paz en los ’80 y los Centros de Participación Comunal de Córdoba en los 90-2000, son municipios erigidos en catedrales laicas de una ciudad entendido como sociedad de barrios y áreas centrales reconstruidas y enaltecidas en sus tratamientos como espacios no solo de consumo sino de identificación y disfrute, como barrio primero y centro democrático.

Estos centros culturales y políticos administrativos, pensados y ejecutados en mis ejercicios municipales en Córdoba y en La Paz desde 1975 a 1999, se erigen en centros de participación social y política y tienden a descentralizar pero sobre todo a generar artefactos de democratización de una democracia de bases y un modelo de vida barrial.Corresponden a una política urbana que confía en piezas arquitectónicas estratégicamente empleadas como detonantes de un desarrollo policéntrico y de una ciudad como federación de barrios frente a la fragmentación y estallido del “fenómeno urbano”. Intento limitado (dentro de otras amplias de planificación y acción urbanas) frente al magma urbano de periferias, donde todo es distinto e incoherente, en un cuadro de crecimiento urbano sin precedentes históricos.

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